DELIMITACIÓN DE LOS DERECHOS CIUDADANOS DE GRUPOS ETNICOS Y SU ACOGIDA EN LA CARTA MAGNA CONSTITUCIONAL

Entrevista al especialista en Educación y Semiótica, Luis Ajagan Lester (*), quien no obstante su apretada agenda, pudo respondernos una serie de consultas relacionadas con el complejísimo tema del reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas en las sociedades modernas, especialmente ahora que se abre la perspectiva de poder contar con una nueva Constitución inclusiva y no discriminatoria en Chile.

CRITERIOS DE ORDEN LINGUISTICO

P.: ¿Podrías darnos algún criterio que nos permita acercarnos a un método o métodos que ayuden a definir quiénes pueden o deben ser reconocidos formalmente como integrantes de un grupo o nación originaria?

R.: Uno de ellos es el criterio limitante que podemos denominar lingüístico. Tenemos el caso de Letonia que puede ejemplificarlo más nítidamente.  Al disolverse la URSS, quedaron sin pasaporte y sin nacionalidad, millones de personas rusas que vivían en Letonia, muchas de los cuales habían nacido allí.  Quedaron en situación de apátridas; y Letonia (en rigor, los ultranacionalistas) se negaba a concederles la nacionalidad si no superaban un test de idioma, casi imposible de aclarar.

Este criterio es reflejo de lo que definía Chomsky en su primera época: una persona bilingüe es la que domina dos idiomas con exactamente el mismo nivel de competencia; esto es, con una competencia equivalente a la de un nativo.  En síntesis, el intento de los ultranacionalistas fracasó pues violaba el derecho humano fundamental que estipula que todo ser humano tiene derecho a una ciudadanía. La presión de la Comunidad Europea y de la ONU hizo que se retirase la exigencia  idiomática formulada en esos términos.

El ejemplo anterior es revelador de una estrategia “antropoémica” (del griego emein, vomitar). Con ella se expulsa de los límites de “nuestro territorio” a los extraños que representan una amenaza y se los envía o bien al exilio o se los instala en enclaves donde puedan ser controlados. Esta es una noción teórica tomada de la antropología de Claude Lévi-Strauss.

GRAVITACIÓN DEL NACIONALISMO CENTRAL Y EXCLUYENTE

P.  ¿Con qué obstáculos choca la búsqueda de un lugar propio o compartido, o de una identidad propia y/o mixta reconocida dentro de los confines de un territorio-nación?

R: Lo que vemos es una carencia de reconocimiento y goce de los derechos de los pueblos indígenas; derechos que en el seno de las instituciones que velan por los derechos humanos y fundamentales han alcanzado un estadio universalmente aceptado hace decenios. Este reconocimiento se enfrenta a expresiones ultranacionalistas y excluyentes de parte del Estado Nacional centralista. Para este, existe una sola nación, un solo idioma y una cultura única; todo lo demás, en el mejor de los casos, son dialectos sin importancia cultural verdadera. La consecuencia práctica es que no existen posibilidades o espacios que permitan de crear una visión pluricultural, plurinacional, plurilingüe.

Un caso típico es el de España durante Franco. Y también el de Inglaterra, donde, hasta los años 1960 se prohibió —en la civilizada Albión— recuperar lenguas antiguas, habladas por escasas personas, acto que se castigaba con penas de cárcel.

Otro ejemplo, más actual, es el de Turquía: donde hay cabida sólo para una lengua, un Estado, una Escuela nacional (y últimamente, una religión). Los kurdos no existen oficialmente en la jerga administrativa turca; que prefiere darles la denominación de  turcos de las montañas.

El grupo étnico suryoyo (que se autodenomina “asirio”) se comunica con una lengua muy antigua derivada del arameo. Esta lengua no está prohibida, pero se ha reducido a la condición de lengua hogareña; se la puede utilizar en el habla practicada entre los suryoyos, pero todo contacto oficial debe realizarse en idioma turco, mientras la enseñanza escolar se imparte en idioma turco. No existe la posibilidad de recurrir a la traducción de documentos oficiales al suryoyo, ni viceversa.

Lo mismo es válido para los hablantes de kurmanji y de sorani  (dos variantes del Kurdo; una se habla en el norte del Kurdistán y la otra, en el sur). Ni el suryoyo ni el kurmanji, ni el sorani tienen algún reconocimiento oficial por parte del Estado turco.

Podemos afirmar que esta es una estrategia asimilatoria, definida como “antropofágica” por los sociólogos que adhieren a las nociones teóricas de Claude Lévi-Strauss. La calificación de antropofágica se justifica porque el Estado Nacional asimila por la fuerza a las minorías, devorándolas, absorbiéndolas, haciéndolas parte de su organismo.

MECANISMOS ECONOMICOS

P.: ¿De qué otras herramientas se valen los Estados centrales para excluir a las minorías o grupos diferentes, entre ellas a los pueblos indígenas, y así ofrecer una imagen monolítica?

R.: Hasta hace relativamente poco tiempo (años 1980), en Suecia existía un criterio económico para delimitar quién era sami, y quién no, Por absurdo que suene, ¡Sami era todo aquel que fuera propietario de renos! Sin mayores comentarios. Sería largo desglosar la lista de injusticias que generó esta formulación simplista y acientífica.  El hecho concreto es que también pasaron a ser víctimas de esta práctica discriminatoria del Estado nacional.

ENTRADA EN ESCENA DE LOS PUEBLOS INDIGENAS/ORIGINARIOS DE LAS AMERICAS EN EL IMAGINARIO Y LA CONCIENCIA DE LA OPINION PUBLICA MUNDIAL

P.: ¿Sería posible afirmar que después de 500 años del encuentro de las culturas europeas y amerindias, con un altísimo costo y sufrimiento para los huéspedes, estamos siendo testigos de un resurgimiento de las culturas nativas no sólo por su impresionante resistencia, sino también como resultado de las consideraciones ecológicas que se nutren de su relación ancestral y respetuosa con la naturaleza?

R.: Sin lugar a dudas estas cuestiones están vinculadas y no pueden separarse del ejercicio del Poder y el avance del movimiento popular indígena.

En Bolivia ello implicó la creación de un Estado plurinacional. Si damos una mirada a lo que dice la Constitución de Bolivia, que lamentablemente aún no es acogida y valorada en los países vecinos, incluyendo a Chile, aunque sí en el resto del mundo.

La Constitución boliviana señala expresamente en su Artículo 3. “La nación boliviana está conformada por la totalidad de las bolivianas y los bolivianos, las naciones y pueblos indígena-originario campesinos y las comunidades interculturales y afro-bolivianas, que en conjunto constituyen el pueblo boliviano”.
 
En su Artículo 4 estipula: “El Estado respeta y garantiza la libertad de religión y de creencias espirituales, de acuerdo con sus cosmovisiones. El Estado es independiente de la religión.”

El Artículo 5.I.: “Son idiomas oficiales del Estado el castellano y todos los idiomas de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, que son el aymará, araona, baure, bésiro, canichana, cavineño, cayubaba, chácobo, chimán, ese ejja, guaraní, guarasu’we, guarayu, itonama, leco, machajuyai-kallawaya, machineri, maropa, mojeño-trinitario, mojeño-ignaciano, moré, mosetén, movima, pacawara, puquina, quechua, sirionó, tacana, tapiete, toromona, uru-chipaya, weenhayek, yaminawa, yuki, yuracaré y zamuco.”
 
En el acápite II, se establece lo siguiente: “El Gobierno plurinacional y los gobiernos departamentales deben utilizar al menos dos idiomas oficiales. Uno de ellos debe ser el castellano; y el otro se decidirá tomando en cuenta el uso, la conveniencia, las circunstancias, las necesidades y preferencias de la población en su totalidad o del territorio en cuestión.”

LA COMPLEJA DEFINICIÓN DE LA IDENTIDAD

P.: ¿Qué metodología se puede aplicar para establecer con un cierto grado de objetividad la pertenencia o no de un ciudadano a un grupo determinado de la población, ya sea mayoritario, originario, mixto, mestizo, etc.? y ¿cuál es la fiabilidad de dichos métodos?

R.: A este respecto puedo citar una consulta aparentemente directa y segura, que se ha utilizado en el Perú, para conseguir el auto-reconocimiento de los entrevistados respecto de su pertenencia a un grupo o sector de la población:  

– ¿Quién soy yo o quién creo que soy?

En el último censo realizado en Perú, se añadió una pregunta sobre la auto-identificación étnica. Se partía de la suposición que la persona encuestada respondía como individuo, según cada caso, ya fuere andino, negro o blanco, etc. El problema se agravó debido a la incorporación de un confuso suplemento de variables culturales que iban asociadas a priori a cada grupo étnico, lo que pasó a ser un error de diseño evidente.

En la práctica, el encuestado se veía enfrentado a la disyuntiva: – si yo soy andino, eso  debería correlacionarse con mi (supuesto) gusto por la música andina. La situación llegó a tal punto, que un cientista social afirmaba en un diario de Lima: “Soy blanco, pero me gustan los valses costeños; entonces ¿se desprende de esto que soy negro o mulato?”.

Es evidentemente que se trata de un error de confección y diseño del formulario del censo. Sin embargo, lo interesante de este ejemplo algo fallido es que, en el caso de Chile, existe la posibilidad de que un ciudadano pueda pronunciarse si se considera chileno o mapuche, o mapuche-chileno, o chileno-mapuche.

ACERCANDONOS A LA SOLUCIÓN DEL CONFLICTO IDENTITARIO CHILENO

P.: ¿Cómo debiéramos proceder en Chile, a la luz del abrazo fraternal en que se fundieron todos los sectores marginados –chilenos, pueblos originarios y la infinidad de sectores sociales- durante el estallido socias que marchó por las grandes alamedas  bajo los flameantes estandartes de todos ellos?

R.: Considero que no podemos perder devista el hecho de que la construcción de la identidad es un proceso enormemente dinámico y dista de ser estático. Tampoco ignorar que las presiones discriminatorias en las urbes de acogida, en Chile, aunque también todos los países, son factores incisivos. Las entrevistas y encuestas etnográficas nos enseñan que numerosos ciudadanos mapuche, que en su comunidad se identificaban como tales, al arribar a Santiago atenúan u ocultan su identidad étnica en el entendido de que así aumentan sus oportunidades laborales y evitan ser discriminados. También se ha comprobado que existen numerosos jóvenes que no dominan la lengua mapuche, precisamente por este “monitoreo identitario” sobreprotector de sus padres, pero que desean aprenderlo y rescatar su identidad mapuche.

Por consiguiente, es dable concluir que la auto-identificación étnica es más compleja de lo que podría aparecer a simple vista. ¿Quién debe y puede ser considerado como integrante de una etnia y quién no? Nos parece evidente que en este asunto la opinión decisiva debería ser la de los ciudadanos que reconocen su pertenencia a aquellos grupos; son ellos los que están llamados a actuar como sujetos, libres del paternalismo estatal, y no como objetos de medidas ajenas, por bien intencionadas que parezcan.

Para abundar en los ejemplos deplorables de este tipo de paternalismo estatal, baste con referirnos al hecho que durante décadas se prohibió inscribir en el Registro Civil nombres provenientes de la lengua mapuche y se procedía a reemplazarlos por nombres del santoral católico. Sin embargo, durante el segundo Gobierno encabezado por la presidenta Bachelet Jeria, la CONADI (Corporación Nacional Indígena) recomendó al pueblo mapuche denominar a sus hijos con nombres mapuche y evitar los de origen anglosajón y extranjerizantes. Aparentemente era una medida destinada a salvaguardar la cultura mapuche. Sin embargo, a los “chilenos” se les otorga la facultad de darles a sus hijos e hijas nombres tales como Kevin, Jason (o Yeison, Jeisson, etc.) o nombres turcos tomados de teleseries de grandes audiencias.

Personalmente considero que bordea en lo grotesco y desproporcionado el sugerir formalmente a la población mapuche que no usen nombres extranjerizantes, mientras se hace la vista gorda para que amplios sectores de la población chilena puedan hacer gala de una xenofilia cuasi hilarante.  Lo fundamental, a mi entender, es que no sólo los pueblos originarios, sino que también los sectores populares que han sido excluidos totalmente del poder de decisión, puedan desempeñar un rol activo, en calidad de sujetos que construyen nuevas relaciones sociales, nuevas ramas institucionales, más igualitarias y dejen de ser objetos de la acción e inacción de una élite que —como podemos apreciar desde el comienzo del Estallido Social hasta hoy— desconoce o no le importa la realidad en la cual vive la mayor parte de la población.

06.11.2020

(*) Luis Ajagan Lester

Prof. Dr.en Ciencias de la Educación, Universidad de Estocolmo

Investigador Adjunto, Instituto Mexicano de Estudios Pedagógicos (IMEP), Zapopan, Guadalajara, Estado de Jalisco, México.

NOTA:

Hubiéramos querido ir más lejos, pero por razones de espacio no podemos ahora y aquí recorrer otras sendas, como por ejemplo los criterios sobre identidad que utilizan los distintos componentes del pueblo originario sami (el único pueblo indígena de Europa), que vive geográficamente en la zona más septentrional de la Escandinavia.

En el caso de Noruega, para las elecciones a su propio Parlamento independiente, situado en Karasjok, pueden participar todos los sami que pasen el criterio de inclusión en el censo electoral que está abierto para cualquiera que “se perciba a sí mismo” como sami y que tenga el sami como su idioma natal, o que tenga un padre, abuelo o bisabuelo que usan el sami como lengua natal. Algo parecido ocurre con las demás poblaciones sami que habitan en la Laponia de Finlandia y Suecia. Quizás la próxima vez. (entrev. JMMJ)

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